domingo, 11 de octubre de 2009

MARÍA FELÍCITA Y EDUVIGIS

María Felícita Matute nació en El Pao de San Juan Bautista en el año de 1890, hija del general Gregorio Matute Martínez y doña Felícita Pérez de Matute. El general Matute Martínez fue un caudillo cojedeño que participó en las guerras de fines del siglo XIX.
La casa del general Matute Martínez está situada frente a la Plaza Bolívar de El Pao. Contaba María Felícita que el general guardaba su fortuna en la casa, en vasijas llenas de monedas de oro, que llamaban morocotas.
María Felícita tenía bienes de fortuna, no sólo heredados del general Matute sino de su esposo José Pérez, de quien enviudó muy joven. Pero María Felícita, a pesar de haber nacido en cuna de oro, no sabía leer ni escribir. Al quedar viuda muy joven, María Felícita fue víctima de despojos de toda la inmensa fortuna que había heredado; pero lejos de llenarse de odio o rencor, cuando recordaba estos tristes pasajes de su vida decía:”Que Dios los perdone, así como yo los he perdonado desde hace mucho tiempo”. Una de sus posesiones fue una extensa cantidad de terreno que forma parte actualmente de la Escuela de Artillería del Ejército, en El Pao; lo poco que le quedo a Mariah Felicita fue vendido por los hermanos Matute a la Nación, después de un larguísimo proceso de expropiación.
Al quedar viuda, María Felícita se mudó a Tinaco, a principios de 1907. Al llegar a Tinaco, María Felícita comenzó a trabajar como lavandera, pues ya no tenía medios de fortuna. Al poco tiempo conoció al bachiller Eduvigis Lima Estraño, nacido en Tinaco en 1875, hijo de Francisco Lima Mirabal y Mercedes Estraño, con quien vivió una hermosa historia de amor. Eduvigis comenzó estudios de Medicina en la Universidad de Valencia, hoy Universidad de Carabobo, en el ano de 1893 (1), fue de sus primeros alumnos, pero al morir sus padres no pudo continuar estudiando.
Eduvigis se distinguió en su corta vida como poeta, escritor y periodista. Según Porfirio Arias Moreno (2), Eduvigis fue un “escritor de fino estilo, exquisito poeta y educador de generaciones; fue además elocuente orador”. Eduvigis fue maestro en San Carlos. De su infancia, mi esposo Luis Manuel recordaba cuando Francisco Antonio y él se levantaban a las tres de la mañana para irse caminando hasta San Carlos, en compañía de su papá Eduvigis, y asistir a la escuela donde él trabajaba como maestro.
Luego, en la tarde, regresaban a Tinaco, también a pie, llegando al anochecer. Contaba Luis Manuel que fueron los más bellos años de su vida. Siempre decía que lo poco que sabía lo había aprendido de su culto padre, quien no sólo lo enseñó a leer, escribir y contar, sino también la gran experiencia de la vida. Y a sus padres los llamaba: Mi papa y mi mama”. Sin acentos.
María Felícita y Eduvigis tuvieron varios hijos: Julia Victoria (1908), Francisco Antonio (1910) Luis Manuel (1912), Laura María (1914) y Edilia Susana (1916), quien falleció a muy corta edad.
Conocí a doña Felícita siendo novia de Luis Manuel, en 1944. Ya vivían en la calle Bolívar de Tinaco, en la casa donde por muchos años funcionó la oficina de correos, a cargo de Laura María, hermana de Luis Manuel, y su hija Carmen Josefina. Doña Felícita era una mujer humilde y dulce. Usaba sus vestidos largos, hasta el tobillo. Tenía el pelo largo y liso; se hacía una crineja y se la enrollaba. Todos los domingos íbamos a Tinaco a visitarla y a llevarle torta melosa; le encantaba. Cuando enfermó aceptó su destino con abrumadora humildad; a pesar de que sufrió mucho, jamás la oí quejarse.
El maestro y poeta Eduvigis Lima Estraño murió en 1921, a la edad de cuarenta y cinco años. Doña María Felícita Matute Pérez murió en el año de 1951. Descansan en paz en el cementerio de Tinaco.
La fiesta del árbol
Eduvigis Lima Estraño

En esta fiesta tan hermosa,
Símiles son el niño y la simiente:
El uno con su júbilo inocente,
La otra en su faena misteriosa.

Si la niñez ignara y candorosa
Sigue las huellas del saber clemente,
También el brote crece tiernamente,
Del cielo azul bajo la faz radiosa.

Cuando el pincel de nuestras tardes dora
Con lumbre de alegría los corazones,
el bosque mil fragancias atesora,

los niños se coronal de ilusiones,
y en el teclado inmenso de la Flora,
brinda la Primavera sus canciones.


Al morir su padre, Luis Manuel, a la edad de nueve años, comenzó a realizar los más diversos trabajos para ayudar a su mamá: mandadero, aprendiz de boticario, escribiente.
Uno de sus trabajos como mandadero lo desempeñó en casa del general Ángel María Garrido. Las increíbles anécdotas vividas en la casa del general Garrido fueron fuente de inspiración para que el insigne escritor sancarleño Héctor Pedreáñez Trejo (1935) escribiera la obra Las hazañas nunca vistas del general Synalas (1975). Héctor, gentilmente, y con la más grande generosidad, me autorizó a publicar en este blog tan hermosa obra y mi hijo Stephan la transcribió. Cada vez que la leo imagino a Luis Manuel niño, corriendo y haciendo travesuras por Tinaco, feliz a pesar de todos los sinsabores que pasó. A continuación, las hazañas nunca vistas del general Synalas.

(1) DIAZ, Fabián de Jesús (2002). Historia orgánica de la primera Universidad de Valencia. 1893 - 1904. Valencia. Universidad de Carabobo. Ediciones Delfora C.A. Paginas 32 y 33.
(2) ARIAS MORENO, Porfirio (1988). Antología de poetas tinaqueros. AEV Seccional Cojedes. CONAC. Fondo Editorial de Letras Cojedenas.

1 comentario:

  1. No sé si esta página está activa. Pero igual quiero agradecer por tan maravillosa historia. Esa señora que fue nombrada, Maria Felicita, hace parte de mi árbol genialógico. Y me siento feliz por leer un pedacito de la vida de alguien que hace parte de mi historia también.

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